
Hoy se celebra el día de la Soberanía Nacional. Trátase de una efemérides inspirada en la batalla de la Vuelta de Obligado, de 1845, un combate fluvial donde baterías federales intentaron detener una flota anglofrancesa que custodiaba un convoy mercante y pretendía forzar el paso del Paraná, reabrir el comercio con la rebelde Corrientes y el aislado Paraguay.
Por más que en la escuela le hayan sugerido al lector que fue un triunfo, minga: la infantería francesa desembarcó y liquidó a los artilleros de Mansilla y arruinó los cañones. Luego cortaron una línea de cadenas y barcazas que cruzaba el río y pasaron. Mansilla mismo voló por los aires de un cañonazo, lo dieron por muerto y a las dos horas se levantó solo y entró a preguntar qué había pasado. Todo un bochorno.
Casi nadie pero nadie sabe en cambio que cuando la flota interventora volvía río abajo ocho meses despues, a las alturas de actualmente sojerísimo y cargillísmo Puerto San Martín, en la Angostura del Quebracho, lo que quedaba de Mansilla y Santa Coloma, el gobernador santafesino, ubicaron los cañones bastante mejor en lo alto de la barranca y dieron cuenta de una u otra forma de seis de los mercantes. Eso fue lo más parecido a ganar en toda esa campaña y no podemos acá sino quejarnos un poco de que para celebrar la voluntad soberana frente a los poderes del Mundo se recurra a una derrota bonaerense antes que a un triunfo santafesino, caramba.
Pero, la verdad, lo que entre una y otra ocasión había ocurrido es que llegada a Corrientes la expedición libremercantilista-a-los-cañonazos encontró que las mercaderías que traían, y que esperaban colocar con fabulosos precios, eran muy poco requeridas. El empobrecido Litoral, sacudido por años de guerra civil, poco tenía que ofrecer por las últimas novedades de la Revolución Industrial. No importa, se dijeron, lo bueno estará en el Paraguay y hacia allí se dirigieron. La nación guaraní ciertamente se encontraba en una condición mucho más floreciente que los ruinosos estados del Plata. Pero hete aquí que desde que se desarmó el Virreinato y la plata del Potosí dejó de fluir por Sudamerica muchos gobiernos locales debieron tomar medidas draconianas.
Ya años atrás el dictador Francia se había apropiado de todo el oro y la plata del país y lo dejó en reserva. Y su sucesor y sobrino, Carlos López, mandó acuñar monedas que por decreto equivaldrían a tanto metálico en plata.
El lector puede verlas arriba, y el tinte verdoso que el tiempo marca en sus ángulos no deja dudas: eran de puro cobre.
Y de qué puede servir una moneda de cobre paraguaya en el Londres de 1845 !
Muchos mercantes volvían con sus bodegas tan llenas como habían llegado, la expedición fue un fracaso financiero estrepitoso. Los ingleses prácticos se apresuraron a arreglar con Rosas y los franceses remolonearon un poco más pero terminaron en lo mismo.
Así que hable el lector todo lo que quiera de la Patria, el valor gauchesco, el coraje criollo y demás pero a la Soberanía Nacional la salvó la Convertibilidad Paraguaya del 1845.
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